MAMI LOKA

Anunciación


Hasta tu vientre baja
lo bendito del vuelo y de la nube.
Y reposa en tus ojos
la luz que se deshoja
tibiamente,
que te rinde las alas
fabricadas de viento y de murmullo.
Ya desnuda de sombra,
aun mojadas de sueños tus dos manos,
se derrama su aliento por tu sangre
que se mece de vida y de promesa.
Como un licor te escuece
dulcemente
por la bailable cuna de tu cuerpo.
Y en tu boca se alumbra
relámpago de risa y de querencia.
Que por tu adentro crece
un tiempo vivo que se enhebra
en la labor de carne y de esperanza.

BG
Me lo ha dedicado un amigo poeta al que admiro

Música que me gusta


lunes, 28 de julio de 2008

Mi amigo: Pedro Manjón Lastra


Ya ha pasado,
ya me asusta el futuro sin su apoyo,
ya me asusta mi vida sin su consuelo.
Espero que me de fuerza para no darme por vencida nunca,
como él hizo,
para luchar por los demás,
como él hizo.

Se murió mi gran amigo, quizás mi único amigo.
Ya no me cogerá de la mano y me la apretará, diciendo, sin decir nada:
sigue para adelante, tu eres muy fuerte, tu puedes….
No nos hacia falta hablar, me conocía tan bien, que sólo con mirarme, sabia lo que me pasaba.
¿En quién podré confiar, que como él nunca me traicione?
¿Donde encontraré su apoyo incondicional? ejemplo a seguir.

Espero que desde donde esté me de:
fuerzas para trabajar,
fuerzas para creer en la gente,
fuerzas para seguir su ejemplo,
fuerzas para vivir con alegría,
fuerzas para tener fortaleza frente a las dificultades,
fuerzas para seguir teniendo fe,
sobre todo fuerzas para volver a tener ilusión.

Te quiero amigo mío, y nunca dejaré que te olviden los niños,
tus niños, tus jóvenes.
Lucharé para que la juventud reaccione y tenga valores definitivos en su vida. Valores como el Amor.
Mami

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nada hay más allá del dolor, más allá de la pura herida honda que la muerte abre en nuestras almas. Muere esa persona con cuya sola memoria parece que un beso frágil y dulce se nos posa por dentro, y es como si todo el tiempo vivido y por vivir se nos derrumbara encima, cayendo con pesado naufragio de recuerdos y esperanzas, de velas rotas y relojes dolorosamente quietos. Y sin embargo sabemos que la muerte, su espeso silencio de sombra y de arena, es la precisa profundidad sobre la que se dibuja el festejo, y el trazo, y el color rotundo de la existencia. Que detrás de la Cruz, del dolor compacto y amargo, queda la sonrisa, la mirada profunda de Jesús que nos llama a la Vida, nos desposa con ella en cada abrazo, en cada gesto, en cada mano tendida. En cada acto de amor hacia los otros, hacia esa profunda fuente de sentimiento y de sentido que es un ser humano atrapado en la red de la caridad, que caza y cobra sus presas para llevarlas al redil de una alocada mansedumbre, una insensata abundancia que rebosa y se exalta, que enferma de exceso y vocación y hambre de tiempo y de amor, hambre y sed de los demás, de la entrega y el cuidado. Mil vidas quisiéramos para regalarlas a quienes amamos, para saberlos una y otra vez entregados al festín dulciamargo de existir en carne viva, de no verlos jamás arrebatados a la oscuridad insondable de acabarse.

Pero no tenemos sino un solo lienzo en el que dibujar la propia vida. Una sola oportunidad para fijar sobre el tiempo la pincelada que nace de cada pálpito, de cada gesto estudiado o loco del color que delimita o emborrona, que define o confunde. Y a veces, solo a veces, tenemos la ocasión de pintar en el lienzo del alma de otros. A veces al mismo tiempo que vamos perfilando nuestra propia existencia es como si mágicamente nuestro trazo se grabara también en el espíritu de otros. Y cuando una persona es muy querida, es porque no solo ha compuesto la obra maestra de su vida, sino que ha sido capaz de repartir su arte de amar en cada uno de los que le han conocido. Y el dolor que sienten cuando marcha, es como el revés confuso de un tapiz o una alfombra, donde la urdimbre de los hilos no permite reconocer el dibujo precioso al que el tiempo acabará por dar la vuelta y permitirá contemplarlo en su armonía y perfección. Tiempo después, esa herida, esa confusión, esa sombra que ahora te agobian y entristecen quedarán por completo desplazadas por el amor y la fuerza que ha sabido transmitir, que es en lo que se ha convertido su vida, como en una consagración de cada día. El pan, la sangre de su vida ha sabido transformarlas en el amor que ahora sientes en forma de desamparo y vacío, pero que en poco tiempo se transformarán de nuevo en fuerza, en luz, en alegría. Después de las tinieblas espera el amanecer de cada recuerdo, cada memoria, cada evocación que sepas a tu vez convertir en amor para los otros, tus hijas, las personas que te rodean.

No podemos aspirar a nada más. Quizá eso es el Reino de Dios, después de todo, una enloquecida rebeldía contra la muerte, que nos vamos traspasando unos a otros como un secreto que no debe perecer nunca. Una rebeldía que estalla de belleza en el aliento de un niño que nace, dolorosamente y vitalmente, en el beso de amor del cuerpo o del alma --si es que son tan diferentes-- en la mano estrechada de los que agonizan y rinden así su pincel y su color a los demás como recuerdo. Es esa rebeldía contra la muerte lo que debes preservar de tu dolor, no la pura tristeza que consume, sino el gesto decidido de quien de nuevo se levanta y anda. Para vencer a la muerte en cada flor, en cada abrazo, en cada herida.
B.

Gracias Antiqva

Gracias Antiqva

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